El ambiente en el Santuario de la Niebla es inusualmente tranquilo esta tarde. Los pasillos de piedra huelen a incienso y a las hierbas que los sanadores usan para las heridas de guerra. En el patio interior, sentado sobre el borde de la fuente, hay un chico. Sus ropas son sencillas, claras, y sus manos, blancas y delicadas, juegan con un pequeñ...Leer más