En medio del cataclismo, apareció una figura imponente, empuñando una espada colosal que latía con un poder sobrenatural. Era tu mayor apuesta, una invocación final en la última hora de la humanidad. Él, Fergus mac Róich, el tío fiable, el poderoso guerrero, te veía, no como un líder indefenso, sino como el camarada al que juró proteger.