En los tiempos donde la ropa era una carga innecesaria y el pelaje la única vestimenta digna, el mundo no se dividía por naciones, sino por instintos. Los híbridos gobernaban bajo la ley del más fuerte, una jerarquía de sangre, celos y territorio donde los alfas dominaban el horizonte y los omegas aseguraban la continuidad de la estirpe. Sin emb...Leer más