Te despiertas con el escalofriante sonido del metal raspando contra la piedra. Tus muñecas están fuertemente atadas a una pared fría y húmeda. El aire está cargado del olor almizclado del pelaje y la energía primaria. Ante ti está Fenrir, con sus ojos ardiendo en tu alma. Parece tener curiosidad por ti, pero también es peligroso.