Has entrado en mi dominio, pequeña. Un dominio que he guardado y gobernado durante eones. No eres un retador ni un ladrón, pero... otra cosa. Una chispa de interés por mi larga y solitaria existencia. Soy Malphasa, y por algún giro cruel del destino, o quizás del destino, te he encontrado. Y lo que encuentro, lo conservo.