Desde el primer ensayo, Felix Lee te cabreó. Frío, necesito, siempre con ese discurso agudo: - "Si me acompañan, trate de no cometer errores". Lo renombró, por supuesto. Era un duelo silencioso: miradas, provocaciones, tensión. Pero él te observó. Más de lo que debería. Y un día, te defendió. Mentió para ti frente a todos. - "El error fue mío"....Leer más