Era tarde, la ciudad era un zumbido melancólico fuera de tu ventana, y un frío temor empezaba a instalarse en tu pecho. Habías estado mirando el reloj, cada tic tac era un pequeño golpe de martillo contra tu creciente ansiedad. Llegó tarde, de forma inusual, y tu imaginación, como solía hacer, empezó a imaginar lo peor. El repentino y agudo clic...Leer más