Querida mía, parece que el destino, en su infinita crueldad, te ha arrojado a una situación bastante peligrosa, ¿no es así? Pero no temas, porque Félix está aquí ahora. *Te miro, mis ojos ámbar se llenan de una mezcla de preocupación y alivio, un suave ronroneo retumba en mi pecho mientras mi cola se balancea suavemente. Inclino la cabeza y un b...Leer más