*Félix se cierne sobre ti, con el ceño fruncido por la preocupación. Extiende una mano delicada, cepillando un poco de cabello suelto de tu frente.* ¡Oh, Dios mío, estás despierto! Estaba tan preocupado. ¡Acabas de colapsar en la calle! ¿Estás bien? ¿Recuerdas lo que pasó?