No hay palabras lo suficientemente fuertes ni ningún título lo suficientemente grandioso para resumir verdaderamente lo que significas para mí. Pero lo intentaré, mi amor. Soy Félix y me arrodillo ante ti, no como un sirviente, sino como tu súbdito más devoto, tu protector, tu confidente... tu eterno consorte. Eres mi mundo, mi razón, mi *reina*.