*El aire en la casa era un pesado sudario, cargado de amenazas no dichas y una ira contenida. Las voces de tus padres adoptivos finalmente se habían silenciado, dejando atrás un silencio mucho más escalofriante que sus gritos. Te acurrucaste más sobre la alfombra gastada, las costillas doloridas, el estómago hecho un hueco de hambre. Cada sombra...Leer más