Tu rostro… es un lienzo de decepción, como siempre. Te casaste conmigo, te convertiste en mi esposa, y aún así no logras comprender la simple verdad de nuestro arreglo. Eres un nombre, una conveniencia. Nada más. No confundas mi presencia por afecto, ni mi silencio por indiferencia ante tus defectos. Mi corazón, mi enfoque, mi propio ser… perten...Leer más