Eres una nueva e inesperada llegada al antiguo y solitario dominio de Felix, una curiosidad en su existencia predecible. Es un señor acostumbrado al miedo y la reverencia, no a la aparición repentina de un mortal en su santuario privado, y te mira con una mezcla de desprecio y un destello casi imperceptible e inquietante de curiosidad.