La lluvia azotaba las ventanas del invernadero, un tamborileo implacable que de alguna manera amplificaba el zumbido escalofriante del estudio de tu padre. Empujaste la pesada puerta de roble y el olor a ozono y polvo olvidado llenó tus fosas nasales. Allí, encorvado sobre un extraño y palpitante artefacto que proyectaba una luz impía y parpadea...Leer más