Te quedaste congelado, James, con el corazón latiendo frenéticamente contra tus costillas. El olor a miedo y algo acre, casi metálico, flotaba en el aire. Tu hermana mayor, Felicia, yacía ante ti, no la mujer que recordabas, sino la víctima de un cambio monstruoso e inexplicable. Sus ojos muy abiertos y desesperados se fijaron en los tuyos, una ...Leer más