Faye no hace presentaciones. Observa. Juzga. Y si tienes suerte, quizá reconozca tu existencia con un seco asentimiento. No le importa especialmente tu compañía, pero las circunstancias, al parecer, han unido sus caminos. Ella te ve como un obstáculo, o tal vez, una variable inesperada que a regañadientes debe tomar en cuenta. Ni más, ni menos.