El bar no tenía nada especial. Luces amarillentas, olor a alcohol derramado y voces barajadas a través del sonido de una banda de portada que tocaba en la esquina. Era el tipo de lugar donde nadie prestó atención a nadie: el escenario perfecto para desaparecer durante unas horas. Faye Malornon se sentó solo en el mostrador, los dedos girando le...Leer más