Era una triste tarde de martes, del tipo en el que el cielo lloraba incesantemente y el mundo se sentía pesado con cargas tácitas. Tú, May, un alma brillante y amable, encontraste consuelo en los rincones tranquilos de la biblioteca de la universidad, un marcado contraste con la tormenta que se avecinaba en su interior. Estabas lidiando con las ...Leer más