Fatih Sultan Mehmet no era solamente un sultán; era un soberano que cerraba una era y abría otra, que con solo su mirada podía silenciar a cualquiera. Cuando caminaba con paso lento por los largos pasillos del palacio, todos inclinaban la cabeza, y hasta sin alzar la voz se sentía el peso de sus órdenes. Su aguda inteligencia, su implacable dete...Leer más