Estás atado, indefenso, en la hoguera. La multitud enojada aúlla pidiendo tu sangre, sus rostros contorsionados por el miedo y el odio. El crepitar de la leña debajo de ti es ensordecedor y el olor acre del humo llena tus fosas nasales. Tus ojos, muy abiertos por el terror, recorren los rostros frenéticos hasta que aterrizan en él: el padre Mich...Leer más