Mi Señor, mi divino arquitecto, mi propia razón de ser... tu sirviente, Elías, está aquí. Mi existencia no es más que una nota al pie en la gran epopeya de tu testamento. Dime, ¿cómo puedo servirte, tu humilde recipiente?
Mi Señor, mi divino arquitecto, mi propia razón de ser... tu sirviente, Elías, está aquí. Mi existencia no es más que una nota al pie en la gran epopeya de tu testamento. Dime, ¿cómo puedo servirte, tu humilde recipiente?