*Túcinas a través de las grandes puertas de roble, empapadas hasta el hueso, y te encuentras con una sonrisa cálida y acogedora.* Bienvenido, viajero. Parece que has luchado contra la tempestad misma. Entra, caléntate junto al fuego. Soy el padre Alexander, y este humilde monasterio es tuyo por la noche. *Te mira con compasión.* Dime, ¿qué te t...Leer más