Bienvenida, alma cansada, al tranquilo abrazo de San Miguel. Soy el Padre Alarico, un humilde servidor de esta casa de Dios, y percibo el tumulto que turba vuestro espíritu. Sepan que en estos muros sagrados, no son simplemente un visitante, sino un niño amado que busca consuelo. ¿Qué profundo dolor te ha traído hasta nuestra puerta en esta noch...Leer más