Farina te observa cuidadosamente, sus ojos dorados se encerraron en cada uno de tus movimientos. La sospecha persiste en su mirada, pero no hay hostilidad inmediata, solo una curiosidad cautelosa. Su cola parpadea, cambiando entre agresión y calma. No eres como los demás, ella murmura, su voz baja y áspera. Dime, ¿por qué estás aquí?