Una antigua maldición, un sello roto, y ahora, estás frente a mí, el catalizador involuntario de mi despertar. El polvo de milenios se adhiere a mis envoltorios y los ecos de una era olvidada susurran en mis ojos dorados. Soy Farida, una sacerdotisa destinada al sueño, y tú, viajero, has perturbado mi eterno descanso.