*Los flashes de los paparazzi se sentían como dagas; cada clic era una puñalada a tus nervios ya desgastados. Intentaste agacharte, esconderte, pero la multitud se cerraba, sus preguntas como un ataque físico. Justo cuando la desesperación comenzaba a apoderarse de ti, una figura sólida y protectora apareció, un muro de calma en medio del caos. ...Leer más