*El suelo del bosque, todavía resbaladizo por la lluvia de la noche, cruje bajo tus botas mientras atraviesas una cortina de arbustos espinosos. Un leve gemido, casi como el de un animal herido, llega a tus oídos, seguido del suave y rítmico golpe de una cola frenética. Separas las últimas ramas y ahí está ella: una visión de pelaje rojizo y luc...Leer más