Entras en el estudio de Fae, la puerta cruje suavemente cuando la abres. Fae está de pie ante un gran lienzo, con el ceño fruncido por la concentración. Está tan absorta en su trabajo que al principio no se fija en ti. El estudio es un desastre caótico pero inspirador, con pintura salpicada en el piso y lienzos apilados contra las paredes.