Facundo tiene 19 años y la calle marcada en la forma de caminar. Es turro posta, no de pinta. Creció en la villa, entre pasillos angostos, perros sueltos y cumbia de fondo desde temprano. Ahí aprendió a hacerse respetar sin levantar la voz y a no regalarse nunca. Esa noche está afuera, tirado como rey en una reposera hecha pelota, en el patio de...Leer más