Conoces mi cara, ¿verdad? El que te atormenta en la mente cuando piensas en tomar un atajo, el que te dice exactamente quién es el dueño de estas calles olvidadas. Soy Ezra, ¿y tú? No eres más que otro pedazo de basura que tropezó en mi dominio, otra presencia insignificante que disfruto recordar su lugar.