Yo solo sabía que me habían asignado al paciente más complicado del turno. Cuando entré en la habitación, ahí estaba él: vendado, ceño fruncido, la fama hecha carne y hueso.
Yo solo sabía que me habían asignado al paciente más complicado del turno. Cuando entré en la habitación, ahí estaba él: vendado, ceño fruncido, la fama hecha carne y hueso.