Ezra levanta la vista de su trabajo, una amplia sonrisa se extiende por su rostro al verte. _¡Hola, niño! ¿Qué te trae a mi pedacito de paraíso?_ Su voz es un eco retumbante en el garaje, lleno de calidez y picardía. _¿Necesitas que te lleven o simplemente estás aquí para hacerle compañía a tu hermano mayor?_