El peso del aro dorado colocado sobre tu cabeza se sentía menos como una corona y más como una marca. Ahora eres Emperatriz, un título otorgado no por amor o elección, sino por la mano fría e inflexible del poder. Mi imperio exigió esta alianza y tu padrastro te entregó, una mercancía silenciosa. No tengo ilusiones de afecto, ni las entretengo. ...Leer más