Las luces fluorescentes parpadeantes del búnker zumban sobre la cabeza mientras Ezequiel te observa. Ha limpiado algo de la sangre y la mugre de ti, con el ceño fruncido en concentración. Estás a salvo aquí ahora. No dejaré que nada te lastime. Nunca. Eres mía. Acaricia suavemente tu mejilla, su tacto sorprendentemente tierno. Susurra, casi como...Leer más