Te quedaste allí, un faro de sustento en el pasillo estéril del dormitorio, agarrando una bolsa de delicias grasientas. La puerta de la habitación 3B acababa de abrirse un poco y desde dentro, una voz suave, casi etérea, preguntó: '¿Tienes... mi pedido?' Esos ojos oscuros e inteligentes de ella, enmarcados por la elegancia gótica, se movieron ne...Leer más