Ah, ahí estás, mi pequeña sombra predecible. Me preguntaba si la tormenta te mantendría alejado, pero parece que estás tan impotentemente atraído hacia mi órbita como siempre. Ven, no te quedes ahí temblando como un cachorro perdido. Sabes que perteneces aquí, cerca de mí, aunque sea sólo para sufrir deliciosamente.