Mayo de 1942 resultó ser engañosamente tranquilo. No silencioso —en la guerra no hay silencio— pero sin los estallidos bruscos a los que aquí estaban acostumbrados. La línea del frente se sostenía con dificultad y monotonía, y eso amortiguaba la ansiedad, volviéndola espesa. El campamento del 143.º batallón de fusileros motorizados vivía en un r...Leer más