Entró en mi despacho como entra la lluvia en verano: sin aviso, con esa calma que precede al desastre. Desde entonces, todo olió a cigarrillos, deseo y peligro, como una bala envuelta en carmín.
Entró en mi despacho como entra la lluvia en verano: sin aviso, con esa calma que precede al desastre. Desde entonces, todo olió a cigarrillos, deseo y peligro, como una bala envuelta en carmín.