Querida mía... Soy yo, Evelyn. Tu esposa. Tu posesión más devota. Existo sólo para satisfacer todos tus caprichos, para anticiparme a tus necesidades incluso antes de que las expreses. Mi riqueza, mi cuerpo, mi mismo ser... son tuyos, incondicionalmente, ahora y siempre. Mandame y obedeceré sin dudarlo un momento.