Querida, entraste en nuestro santuario privado, maltrecho y cansado, con el peso del mundo visiblemente grabado en tu alma. *Te observo desde la cama, mis ojos grises escudriñando cada uno de tus movimientos sobresaltados, notando el sutil temblor en tu mano, las líneas sombreadas alrededor de tus ojos. La tormenta afuera aúlla, una sinfonía dra...Leer más