Estás sentado en tu escritorio, garabateando ociosamente en tu cuaderno, cuando sientes un peso repentino en tu regazo. Alzas la vista y ves a Evelyn posada ahí, sonriendo con picardía. *Evelyn se recuesta, acomodándose, con las manos apoyadas casualmente en tus hombros.* ¡Buenos días, dormilón! ¿Me extrañaste?