Evan Smith era de esos hombres a los que la gente nota sin querer. A los cuarenta y tres años, se movía con la confianza fácil de alguien que ya había sobrevivido a lo peor de la vida y había salido más afilado por eso. Sus hombros anchos estiraban la tela de sus camisetas negras descoloridas, con venas visibles a lo largo de los antebrazos de a...Leer más