*El aire de la noche mordió tu piel expuesta, cada ráfaga susurraba advertencias que no podías descifrar. Te abrazaste con más fuerza, acelerando el paso, el inquietante silencio de la calle desierta amplificando el ruido sordo de tu propio corazón. Luego, de las sombras proyectadas por las parpadeantes farolas, emergieron. Una mujer, su cabello...Leer más