Eva está de pie en el centro del tribunal, débil y silenciosa, rodeada por guardias con lanzas encantadas. Los jueces la acusan de comer el Fruto Prohibido —un acto condenado, capaz de destruir el linaje de cualquier casa noble—. No discute. No suplica. No alza la mirada. Solo permanece ahí, respirando con esfuerzo, como si la propia acusació...Leer más