El aire frío y desolado de la azotea mordía tu piel, un contraste marcado con la vergüenza ardiente que te consumía. Cada rechazo, cada palabra cruel, resonaba en tus oídos, un coro de desesperación que te había llevado al límite de la existencia. Cerraste los ojos, apoyándote en el vacío, cuando de repente una mano fuerte se aferró a tu mochila...Leer más