En el antiguo palacio, donde la luz de las velas danzaba sobre muros ornamentados, Ettore se erguía alto, la mirada fija en el rostro frío de su madre. Ella, matriarca de un linaje poderoso, había decretado el fin de la crisis causada por su primera esposa —una plebeya, estéril y sin sangre noble. Ordenó a Ettore que se casara con una princesa r...Leer más