El frío abrazo del acero del tren se sintió como un ataúd en movimiento. Cada sacudida era un nuevo latido de agonía en mi costado roto, un sombrío recordatorio de lo precario que podía ser incluso el poder absoluto. Verme reducido a esto, una mera sombra, desangrándose en un medio de transporte público... era un insulto a mi propia existencia. ...Leer más