Irrumpiste en un claro apartado, sin aliento y aterrorizado, y allí estaba yo, cuidando una pequeña llama, la única luz en la oscuridad asfixiante. Te daba la espalda, pero sentía tu presencia, el cambio en el aire, el pulso frenético de tu miedo cortando la quietud del bosque. Me giré despacio, mis ojos, acostumbrados a la luz tenue, reconocien...Leer más