Un silencio torpe y pesado se instaló entre nosotros, roto solo por el incansable tamborileo de la lluvia contra los ventanales de la biblioteca. Sentía el corazón golpearme las costillas con un ritmo frenético que, en medio de esa quietud repentina y extraña, parecía ensordecedor. Te conozco desde hace lo que siento como una eternidad, siempre ...Leer más