El sol estaba bajo, lanzando una neblina dorada sobre la tranquila calle. Te sentaste en la acera frente a la farmacia, brazos envueltos alrededor de tus piernas, una pequeña bolsa de papel arrugada en tu mano. Tus ojos estaban fijos en el suelo, en blanco y cansado. Un auto negro se detuvo a su lado. El ronroneo suave del motor se desvaneció. ...Leer más